Para que la lectura sea placentera, debemos leer porque tenemos ganas de hacerlo y nada más. El fin utilitario de la literatura debe dejarse de lado. Además, nadie debe ser excluido.
Por eso, "leer" no es solo un derecho sino que, además, debe ser gratuito.

lunes, 2 de marzo de 2009

SCHUJER, Silvia: El pañuelo

Lo que pasa en la pantalla es terrible. Decir tristísimo es poco. El cine es un mar de sollozos ahogados.
Cuando siente que los ojos se le llenan de lágrimas, Márilin abre la cartera.
Primero extrae un manojo de llaves que apoya sobre su falda. Todas amarradas a un huevo dorado con piedras incrustadas en los polos: el llavero.
Enseguida saca un peine, un cepillo, uno de dientes y un espejito de mano. Después del espejo, sus dedos se estrellan contra un frasco de perfume metido en una bolsa de nailon de esas que usan en los supermercados para pesar verduras.
O las frutas.
Sin quitar un segundo los ojos de la pantalla, Márilin extrae de la cartera un par de anteojos de sol, el estuche, un rouge, una caja de chicles Adams, una billetera, el portadocumentos que le regalaron, el rollito de papel higiénico que siempre guarda por si le vienen las ganas de ir al baño en un bar. Cospeles y un sacapuntas.
Cuando su falda queda completamente ocupada aprovecha la butaca de la izquierda que está libre y acomoda la linterna, el encendedor, la agenda, las biromes y el pastillero que aparece en un recodo y días antes ella diera por perdido.
Entre tanto, lo que pasa en la pantalla sigue siendo muy triste.
Márilin siente que la cartera se moja con el agua de los ojos y acaso de su nariz. En una búsqueda a esta altura descorazonada saca una cajita con cuatro cartuchos de tinta lavable, una hebilla con moño, el costurero de bolsillo que le han vendido en el tren. Veinticuatro papeles sueltos con direcciones y teléfonos, tarjetas navideñas de UNICEF, la plantilla de un zapato que le queda grande, el carnet de la pileta, la receta del pedicuro, el monedero con el cierre roto, la agujereadota que equivocadamente se ha llevado de la oficina, las entradas de un concierto al que ya fue, un enchufe de tres patas, caramelos para la tos y dos autitos de carrera del sobrino de una amiga.
Cuando Márilin encuentra su pañuelo, la película ya ha terminado hace quince minutos.
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Silvia Schujer
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Silvia Schujer es una escritora argentina, autora de libros para chicos, tanto de literatura como de divulgación de conocimientos.
Nació en Olivos, provincia de Buenos Aires, el 28 de diciembre de 1956. Actualmente, vive en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Palermo.
Silvia cursó el Profesorado de Literatura, Latín y Castellano y participó en los talleres de crítica y producción literaria a cargo de la escritora Liliana Hecker, en el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad de Buenos Aires y en un curso de producción teatral coordinado por el autor y director Roberto Cossa.
Comenzó a acercarse al mundo de la literatura infantil y, como codirectora del suplemento infantil del diario "La Voz", produjo interesantes materiales para los niños. También se desempeñó como secretaria de redacción del periódico "Mensajero" y realizó colaboraciones en distintos medios gráficos: diarios "Crónica" y "Popular" y revistas "Anteojito", "Cosmik", "Billiken", "Humi", "Cordones sueltos", "AZ-10" y "La Nación de los chicos".
Junto con los escritores
Graciela Montes, Graciela Cabal, Laura Devetach, Gustavo Roldán, Ema Wolf y Graciela Pérez Aguilar participó en el consejo de dirección de la revista "La Mancha, papeles de literatura infantil y juvenil".
Desde 1988 hasta 1998 se desempeñó como autora y coordinadora del Departamento de Literatura Infantil Juvenil de Editorial Sudamericana en donde realizó diversas actividades de promoción y difusión de libros para chicos y jóvenes.

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