Para que la lectura sea placentera, debemos leer porque tenemos ganas de hacerlo y nada más. El fin utilitario de la literatura debe dejarse de lado. Además, nadie debe ser excluido.
Por eso, "leer" no es solo un derecho sino que, además, debe ser gratuito.

martes, 22 de mayo de 2012

MORIS: El oso


Yo vivía en el bosque muy contento,
caminaba, caminaba sin cesar.
Las mañanas y las tardes eran mías,
a la noche me tiraba a descansar.

Pero un día vino el hombre con sus jaulas,
me encerró y me llevó a la ciudad.
En el circo me enseñaron las piruetas,
y yo así perdí mi amada libertad.

"Conformate", me decía un tigre viejo,
"nunca el techo y la comida han de faltar,
solo exigen que hagamos las piruetas
y a los hijos podamos alegrar".

Han pasado cuatro años de esta vida,
con el circo recorrí el mundo así.
Pero nunca pude olvidarme de todo,
de mis bosques, de mis tardes y de mí.

En un pueblito alejado,
alguien no cerró el candado,
era una noche sin luna,
y yo dejé la ciudad.

Ahora piso yo el suelo de mi bosque,
otra vez el verde de la libertad.
Estoy viejo, pero las tardes son mías,
vuelvo al bosque, estoy contento de verdad.

Mauricio "Moris" Birabent
(de "30 minutos de vida", 1970)

martes, 15 de mayo de 2012

SARAMAGO, JOSÉ: Mañana es la única utopía



Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!
Tengo la edad que quiero y siento.
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.
Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!
No quiero pensar en ello.
Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas... valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!

Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.

 

José de Sousa Saramago

(Portugal, 1922/2010)

martes, 8 de mayo de 2012

GIGLIOTTI, NATALIA: Me pica el alma



y como a rasguñones,
pero de los buenos,
los que pican para rascar y dan placer
como la ternura de algunas miradas
o de las lindas cosas dichas al pasar
o de las felicidades de los que construyen junto a otros
y se ríen de esa maravilla
y se conmueven de que el abrazo aún sea eterno y sentido,
todavía, después de tanto tiempo.

me pica el alma, sí,
porque anda colmada de gente hermosa,
compañerada todajunta,
y ternura mucha, a borbotones
[amo esa palabra, borbotones]

y no sé qué puede haber en el mundo más lindo que esto,
un alma que pica por estar llena de gente


Natalia Gigliotti


Natalia Gigliotti nació en Santa Fe en 1986 y estudia Comunicación Social en Paraná, donde vive actualmente. Integró el mítico “Grupo Literario Sub- 20” que coordinó Alfredo di Bernardo entre 2003 y 2009.