Para que la lectura sea placentera, debemos leer porque tenemos ganas de hacerlo y nada más. El fin utilitario de la literatura debe dejarse de lado. Además, nadie debe ser excluido.
Por eso, "leer" no es solo un derecho sino que, además, debe ser gratuito.

jueves, 2 de febrero de 2017

GARCÍA, Juan José: Los elegidos


Sentado frente a la Ruta 11, desde una casa de campo en las afueras de la ciudad de Malabrigo, veía al anochecer camiones luminosos, colectivos de turistas y coches de verano pasar.
Sentado en la oscuridad, frente a ese horizonte, fumaba con ganas de estirar mis manos ofreciéndole a la distancia corazones escritos por el tiempo.
Cuerpos tatuados con tintas de lunas, tiroteados, abiertos a cuchillo, con cicatrices de engaño, de drogas traicioneras, me acompañaban tomando mate. Juntos éramos, de los vencidos, los que aún seguíamos luchando por la vida.

Los elegidos.

Llenos de pasados. Aprendiendo que la fe sana y protege, que el perdón es lo más sagrado en la libertad. Trabajábamos obediencia y disciplina. Nos alimentábamos muy bien. Estábamos llenos del mundo y tan cerca de la tierra que se nos antojaba seguir viviendo aceptando dolor y enfermedad para sanarnos. Teníamos días tristes, duros, extrañando familia, hijos. Teníamos días felices con todo lo mismo. Me infiltraba en heridas que solo el Santísimo podía curar. El Santísimo era la charla, las preguntas, las oraciones y discusiones con Dios dentro de la habitación más cerca del cielo que conocí.
Cayendo la noche expresaba respeto. En esa oscuridad se narraban historias de huidas, disparos, de engaños, de amores cansados que eran como entierros de nuestro animal testarudo, ególatra, manipulador y mentiroso. Rosarios con perlitas de vegetales colgábamos al cuello. Estábamos sepultando nuestros corazones viejos, moribundos, mirando la ruta, observando viajeros, buscaba llegar soñando a lugares subversivos, de guerrilla, donde la fe combatía contra infiernos con forma de alegría.
Los que me acompañaban al anochecer también soñaban. Juntos éramos, de los soñadores, los que aun teniendo pesadillas, seguíamos soñando con la vida. Ya no pasábamos los días como insectos paranoicos entre esqueletos de cervezas, entre nubes de marihuana, entre cocaínas adulteradas, bajo luces de mentiras buscando verdad, careteando placer, robando. Ahora teníamos la responsabilidad de perdonar, de perdonarnos. La oportunidad de volver a empezar. Construir un hombre nuevo que siga el sendero de las sagradas escrituras, los evangelios de la verdad, de la paz, de la esperanza. Éramos de los drogones, los drogadictos que sin perder las ganas dijeron “basta”.

Los elegidos.

Por cada uno de los que escribo, entregados a sepultar malos recuerdos, a matar y a no morir, latidos resucitaban como flores de corazones escritos.

Juan José García

Interno de la obra de la Comunidad de Vida “El Buen Samaritano”
Un espacio para los que sufren el flagelo de las adicciones
Malabrigo – Santa Fe

2 comentarios:

Abdelade798 dijo...

Porque SI!!!porque me propongo difundir de la manera que pueda hacerlo lo que estoy leyendo,para que haya otros como yo que descubran a personas que escriben y describen la vida que muchos desconocen,o que ignoran por vaya a saber que razones.

LEER PORQUE SÍ dijo...

Abdelade: ¡gracias por pasar y por tus comentarios!